Y por fin lo hicieron. Un año después de dejar con las ganas a las
miles de personas que, compraron su entrada para verlos el pasado mes de
agosto de 2006, ayer por fin tocaron en El Ejido. Más de cuatro décadas
les ha costado a los Rolling Stones actuar en la provincia de Almería y
aterrizaron ayer, nada menos que en el Estadio Municipal de Santo
Domingo. Algo impensable para muchos pero que, se ha visto cumplido.
Se apagaron las luces ya sólo se oían los gritos y silbidos y la
sensación de ansiedad por que el espectáculo empezara. Todo el mundo
ocupaba su lugar de modo ordenado y había tenido tiempo de contemplar
el apabullante montaje escénico de la gira.
A pesar de haber visto en reiteradas ocasiones ya sea mediante fotos o
de forma escrita, la forma del escenario sorprendió a los asistentes
desde el primer al último momento que lo vieron. La luna llena,
iluminaba también a las miles de personas que allí se encontraban.
'Sus Satánicas Majestades' no hicieron hicieron gala de la puntualidad
británica y comenzaron casi un cuarto de hora más tarde de los
previsto. El reloj marcaba las 22.43 horas y la pantalla gigante se
encendió y en ese instante se proyectó una imagen que representaba el
big bang o el inicio de la tierra, a la vez que unos fuegos artificiales
explotaban en el aire, haciendo honor al nombre de la gira de la banda
británica 'A Bigger Bang'.
Fue en ese momento cuando se desató la verdadera explosión de la
fiebre del rock. Y es que tan sólo con las primeras notas de la mítica
'Start me up' el público comenzó a brincar al ritmo que marcaban Ron
Wood y Keith Richards a la guitarra. No dejaron descanso.
Mick Jagger apareció deslumbrante, de negro con una cazadora roja
brillante y sus movimientos eran casi ortopédicos y característicos
del cantante. El vocalista de los Rolling Stones se dirigió al público.
«Muchas gracias. Hola, El Ejido. Buenas noches Andalucía. Sentimos
mucho el año de retraso y estamos encantados de estar aquí. Vamos a
pasar un buen rato», finalizó Jagger.
El pirata Keith Richards, con sus peculiares atuendos medio zíngaros,
paseaba los riffs y acordes de su guitarra con sonrisa socarrona, moviéndose
hacia el centro, junto a la batería, o al encuentro de su colega Ron
Wood. Ronnie, flaco como Jagger, sigue siendo la imagen del guitarra
rockero desenfadadamente estilista. Pero 'Sus Satánicas Majestades' no
viajan solos ya que en el equipo de abordo viaja el refuerzo de los
viejos zorros Darryl Jones y Chuck Leavell, al bajo y los teclados. El
siempre tórrido saxofón de Bobby Keys. La racial morena Lisa Fischer
como apoyo coral en clave soul. Los coros menores de Blondie Chaplin (que
apoyó con la guitarra acústica) y Bernard Fowler. Y el trío de
vientos Tim Ries (saxos y teclados), Kent Smith (trompeta) y Michael
Davis (trombón). El repertorio (unos 18 títulos) apenas dejó espacio
al último disco que da nombre a la gira, con la rugosa Rough justice.
Casi a la mitad del concierto y a la vez que se presentaba a la banda el
público no dudó en llamarlos «¿torero, torero!». También entre la
marea de gente se vislumbraban carteles en los que aparecía Keith
Richards y el dibujo de un cocotero a la vez que en inglés se le pedía
al guitarrista que, por favor no subiera nunca más a un cocotero. Se
sale de guión propio en el homenaje a James Brown, I'll go crazy. Y
acumula una primera lista de títulos ya universales: Can't you hear me
knocking, Tumbling Dice... Keith tuvo su habitual momento autónomo de
gloria, entonando con su ya conocida falta de punch los aires de Wanna
Hold You. La fiebre se elevó en el esperado momento en el que los
Rolling se encaraman sobre el público en una plataforma hidráulica,
con arrebatadoras tonadas como It's Only Rock'n Roll (But I Like It).
Y el desboque final rozó el éxtasis, himno tras himno: Honky Tonk
Women, Sympathy for the devil, Jumpin Jack Flash, Brown sugar o el riff
más conocido del globo, Satisfaction, momento en el que se desató la
una de las mayores crecidas de toda la puesta en escena y en definita
del concierto.
Dos horas de catarsis. El público pedía más y alguno se quejaba de
que en su lista favorita faltaban algunos temas como Under my thumbo o
You Can't Always Get What You Want. La fantasía Stoneslandia se disipó
entre fuegos artificiales. Que le quiten a El Ejido lo bailado que, por
fin, pueden presumir, al igual que las grandes, de Rolling Stones.